Los días ya no amanecen,
abrir los ojos y ver la oscuridad,
túnel de hallazgos vacíos, miseria,
miseria inevitable,
algunos preocupados de la imagen,
mientras a otros la muerte los acaricia lentamente.
40 metros hundidos, parecieran miles,
un sofoco incontrolable, piedad a gritos,
salen de su cuna para ser explotados, aplastados,
débiles en sus mayores fuerzas.
Arañan sin cesar las entrañas de la tierra,
14 horas mortales, a 40, ¡a 40!
marchas silenciosas que atisban a dolor,
ya ni siquiera se dan cuenta del olor,
no hubo forma de evitar que se pudrieran,
almas podridas, almas cansadas, vacías.
Tanta lucha tenaz y sin tregua,
hasta al más vivaz, lo volvía decrépito,
el espesor de las tinieblas enceguecían, hasta la piel,
poros abiertos de sangre sin oxígeno,
rostro moreno, bronceado sin sol.
Revivamos, manteneros alerta,
un día tenemos, al otro no,
no nos cubramos ni los ojos ni las orejas,
estamos inundados en acentos hondos, vibrantes,
dolientes vagidos, desagarrados,
aire puro necesitan, libertad, luz,
¿cómo dormimos teniendo a la muerte al lado?
Dejemos la sordera, la falsa ceguedad,
la miseria pide mas que piedad,
tendamos la mano, pero no sólo para recoger,
estimados, sino también para dar,
la muerte está a nuestra izquierda,
basta acortar distancia y te puede tocar.
Lectura creativa para trabajo de electivo humanista "lenguaje y sociedad", crónica "La compuerta numero 12" de Baldomero Lillo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario